febrero 5, 2026 6:14 pm

Iluminan Senado en Día Mundial de Atención al Cáncer

Hoy, en el marco del Día Mundial para la Atención del Cáncer, no podemos limitarnos a una conmemoración simbólica. Hoy estamos obligados a una reflexión profunda, honesta y, sobre todo, responsable. Porque el cáncer no es una fecha en el calendario: es una realidad cotidiana que atraviesa hogares, cuerpos, familias y proyectos de vida.

Mi compromiso con esta causa no es únicamente institucional ni se agota en mi responsabilidad como Senador de la República. Es también un compromiso humano, que he podido dimensionar de cerca a través de personas que forman parte de mi equipo, como mi colaboradora Rebeca Alcaide, y de muchas otras historias que se repiten en silencio a lo largo del país. A partir de estos procesos, uno comprende que el cáncer exige mucho más que discursos bien intencionados.

Hay que decirlo con claridad: el cáncer no se combate invitando a luchar a quien ya está haciendo todo lo que está en sus manos para seguir con vida. El cáncer no se combate con frases motivacionales que, aunque bien intencionadas, trasladan la carga al paciente. El cáncer se combate con inversión pública suficiente y sostenida.

El cáncer no se combate con lazos de colores. Se combate con investigación científica, con acceso a tratamientos oportunos, con infraestructura hospitalaria adecuada, con personal médico capacitado y con medicamentos disponibles cuando se necesitan, no cuando se pueden conseguir.

El cáncer no se combate con buenos deseos. Se combate con políticas públicas eficaces y eficientes, con sistemas de salud que funcionen, con detección temprana, con diagnósticos oportunos y con acompañamiento integral. Porque hoy enfrentamos una nueva pandemia silenciosa: una que no siempre ocupa titulares, pero que avanza sin tregua y que, si no se atiende con seriedad, seguirá cobrando vidas evitables.

Poner al paciente en el centro no es una consigna: es una obligación ética. Significa reconocer su dignidad, su cansancio, su miedo, su dolor y también su derecho a recibir atención sin obstáculos burocráticos ni desigualdades. Significa entender que detrás de cada estadística hay un nombre, una historia y una vida que merece ser cuidada.

Hoy, más que nunca, reafirmamos que la atención del cáncer debe ser una prioridad nacional. No desde el simbolismo, sino desde la acción. No desde la retórica, sino desde la responsabilidad pública. Porque combatir el cáncer es, en el fondo, una decisión colectiva sobre el valor que le damos a la vida.