mayo 27, 2024 1:17 pm

 

The Exodo
Tapachula, Chiapas.- En medio del bullicio en la Plaza Juárez, en Tapachula, convertida en una pequeña Haití, Julen corta el cabello crespo de uno de sus paisanos mientras espera por meses un documento migratorio que le permita salir de esa parte del sur de México y avanzar hacia al norte, Estados Unidos o Canadá, para solicitar asilo junto con su familia.
Barbero desde hace un mes, antes fue sastre y jardinero en Chile, donde vivió casi seis años luego de salir por la grave crisis social, económica y política en Haití, el caribeño de 34 años no deja de sonreír, optimista de lograr el ansiado documento que le permita migrar sin estar expuesto al crimen organizado, pero también a las deportaciones de la Guardia Nacional y el Instituto Nacional de Migración.
“En Chile trabaje de sastre, también como jardinero, en la agricultura cortando limón. Llegue hace dos meses a Tapachula después de un viaje de dos meses desde Santiago de Chile hasta acá. Una parte en avión hasta Perú y de ahí en buses, caminando, cruzando ríos”, recuerda el haitiano.
“Lo más peligroso del viaje fue pasar por la Selva del Darién, entre Colombia y Panamá, donde junto con mi esposa y mi hijo caminamos cinco días por pantanos, por ríos, huyendo de animales, pero también de asaltantes”, comentó.
Dijo a The Exodo que el viaje le costó alrededor de 5 mil dólares y que ahora sobrevive en Tapachula como barbero, al igual que otra decena de haitianos en la Plaza Juárez, cobrando entre 80 y 100 pesos por cada corte.
“Me gusta Tapachula. Es una ciudad segura y limpia. No conozco más de México, pero espero que en dos o tres meses me den el documento que me permita viajar a la frontera con Estados Unidos. Voy hacer el trámite que están pidiendo y en caso de que no me den asilo, pienso solicitarlo también en Canadá”, indicó Julen.
Enfundado en una gran playera azul, con peinado de rastras y gorra, recuerda cuando vivió en Haití, donde aún está la mayoría de su familia y todas las dificultades para sobrevivir, incluso para comer. “Es una situación muy difícil que se ha visto agravada por los terremotos, huracanes y la inestabilidad política”.
“Rentó un cuarto en 2 mil pesos mensuales, espero que no se tarde mucho mi solicitud para poder avanzar hacia Estados Unidos. Somos gente trabajadora, no le hacemos daño a nadie, por eso estamos aquí cumpliendo los requisitos para que no nos deporte México. Tengo familia en Florida, esa es mi sueño”, concluyó.
En la Pequeña Haití no es el único. Mujeres realizan peinados caribeños, jóvenes haitianos cambian divisas, otros reparan celulares o venden tarjetas telefónicas, aguas o refrescos. Todos tienen en la mirada el sueño americano, pero saben que migrar por México sin documentos para un afroamericano es una sentencia de deportación, secuestro y extorsiones.

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